miércoles, 13 de junio de 2012

Amores viejos

Se acomodó el sombrero sin prestarle atención a nada. Esperaba de impecable traje azul que el mozo le trajera el desayuno. Pensaba con los ojos cansados a través del vidrio. En ese momento, yo me veía pasar dormido y despeinado por el reflejo de la ventana, como todos los domingos.

¿Cómo seré de viejo? ¿Cómo serás de vieja? Yo, por lo menos, tengo tres certezas. Sordo, por la música que escucho. Gordo, por los asados y ravioladas que no evito. Pelado, por lo que cada día me muestra el espejo. A esta altura sólo espero que me quede algo de movilidad, para ir hasta la plaza, donde estarás perdida entre una maraña de viejas, y yo, lento y destartalado, poder decirte que te extrañaba.

domingo, 3 de junio de 2012

Primera vez

Cuando apenas nos conocimos no puede acercarme demasiado, todo el mundo te hablaba y yo no encontraba la manera de quedarme un rato con vos, para no decirte nada, para sólo mirarte. 

Este finde nos volvimos a ver, pero esta vez fue más fácil, éramos pocos y no había forma de que te escapes, básicamente porque no sabés decir que no, y principalmente, porque todavía no aprendiste a caminar. Recién este sábado pude decir que por fin nos conocimos, porque te llené de besos y te hice ruiditos que todavía no lográs entender bien. 

Ahora sólo resta esperar a que crezcas, tal vez te enseño un par de frases del tipo “sos el tío más lindo del mundo”, tal vez así, en algún pelotero, me ayudás a seducir a alguien.

lunes, 28 de mayo de 2012

Lugares equivocados

En la escalera del subte. En un retraso. En la fila del teatro. En un embotellamiento. En la escala de un aeropuerto. En una confusión telefónica. En una librería. En una fiesta ajena. En una esquina. En un parque. En la casa de tu mejor amiga. En medio de un ensayo. En el carnaval. En el café La continental. De colado en un cumple. Al final de mi canción.

Tantos lugares para encontrarnos y nosotros (tan) desencontrados.

martes, 15 de mayo de 2012

Lluvia administrativa

Llego al trabajo completamente mojado, esquivando baches, baldosas flojas y desamores. Entro por el pasillo rumbo a la oficina, giro sin mirar, los pies ya conocen el recorrido, y de repente, nos chocamos de frente. Decís contenta mi nombre, yo respondo el tuyo como un reflejo. Me das un beso y cara a cara trato de ocultar las evidencias.

Giro sobre mi izquierda para seguir el camino, vos hacés lo mismo.
Giro sobre mi derecha para seguir el camino, vos hacés lo mismo.

“¿Bailamos?” me decís alegre. “Cuando quieras, preferentemente a la noche”  te respondo. Te reíste con alegría y seguiste tu camino, llevándote las gotas de mi campera y toda tu simpatía.

jueves, 3 de mayo de 2012

Tarde de regreso

Cuando la mochila tocó el piso de madera las vacaciones finalizaron.

Viajé, viajé mucho, perdí trenes, amontoné anécdotas, conocí otras verdades, dije las mismas tonterías en otros idiomas. Pero nada se compara con volver a casa, al lugar desde donde todo nace: estas palabras, las nuevas aventuras de ensayos teatrales, los acordes de canciones que espero algún día poder mostrarte.

Fui al banco a cambiar los restos de monedas extranjeras, después al súper para llenar un 12,5% la heladera. Cuando volvía, me di cuenta que las copas de los árboles ya están amarillas por el otoño, mientras estaba envuelto de hojas secas supe que estás por acá dando vueltas, perdida en esta ciudad que ayer me mostró sus primeros, y únicos, fríos.


(Te sigo buscando, el viaje continúa).

viernes, 13 de abril de 2012

En perspectiva

Hace 3 años cuando veías un celular que te gustaba y decidías comprarlo por teléfono, yo me encargaba de cargar la venta en un sistema y mandarlo al correo para que el juguete nuevo llegue a tu casa. Trabajaba en Martínez y desde el ventanal veía como los autos volaban por Panamericana y los aviones frenaban para aterrizar en Aeroparque.

Hace 2 años que redacto y corrijo un catálogo de ventas. Por momentos la paso bien, por momentos me aburro bastante. Trabajo en San Martín y desde el ventanal veo muchas fábricas, la iglesia nuestra señora de Lourdes y la cancha de Chacarita.

Hace menos de un año, en una estación de servicio, de madrugada, dos grandes amigos me convencieron para que me anime a irme de viaje solo.

Hoy, este puñado de frases desubicadas y canciones se va a Europa.

Todavía no entiendo bien cómo pasó esto, porque, mientras escribo, veo la mochila armada junto a los pasajes y el pasaporte. Me cuesta mucho entender cómo pasan algunas cosas, cómo se logran, de qué manera aparece algo que pensás que no podés conquistar. Nunca me quedó bien claro cómo pude irme a vivir solo (ni cómo todavía no morí de hambre por no saber cocinar). Tampoco tengo ni la mínima sospecha de cómo voy hacer para comprarme un auto o una casa. Y también, entre las muchas cosas que no sé cómo van a suceder, esta la pregunta de saber dónde te encontraré.


(Te sigo buscando, el viaje continúa).

martes, 3 de abril de 2012

Peleas callejeras

Ella lo miraba en silencio, con gesto de enojo escuchaba sus explicaciones, era evidente que parecía no creerle. Él abrió los brazos hacia abajo mostrando su fastidio y su cuerpo pareció simular una flecha que señalaba el cielo con ira.

Es interesante notar la postura corporal de una pareja discutiendo: por momentos la quietud y la calma, y de repente, rápidos movimientos de brazos y rostro junto a un mar de reproches.

Pienso que a veces cuando más le prestás atención a una persona es cuando menos la entendés, porque los dos se miraban fijos a los ojos y no podían comprenderse. Pienso que funciona mejor al revés, cuando caminas por la calle, sin rumbo, tomados de la mano, y escuchás (a lo lejos) cómo te cuentan la interna de la oficina y lo yegua que es una de sus compañeras de trabajo, vos vas mirando y pensando en otra cosa, pero sabiendo que juntos están compartiendo algo que es de los dos.

Ellos seguían discutiendo, yo pasé por al lado, decidido a comprarme tres empanadas, mientras que en mis auriculares sonaba come what may y el amor parecía algo más fácil.