Escuchabas simulando atención y un poco de entusiasmo. Mirabas de reojo el reloj de pared mientras te lamentabas haber aceptado. Llegaban a tu cabeza las preguntas que te respondiste siempre. No tiene sentido seguir probando, es exactamente lo mismo. Iguales caminos por donde van todos, un puñado de oxidados recursos que ya viste mil veces. Una película que conocés de memoria. Trucos de magia que dejaron de sorprenderte.
Pero hubo algo (no sé bien) que te llamó la atención. Una frase, un gesto, una idea torpemente expresada. Algo que no sabías hasta ese momento, que no habías visto. Alguna inusual coincidencia. Algo hizo que una pequeña luz de duda comenzara a brillar en el fondo. Un detalle que cambia todo. El código que abre una de tus compuertas.
Fue ahí cuando empezaste a escuchar más atentamente. A preguntar con interés. A recordar con ganas. A sentir que, extraña e inexplicablemente, la estabas pasando bien, que una segunda salida sería posible.
Me viste pedir la cuenta. Por dentro comenzabas a sospechar que esta vez las cosas serían diferentes.
lunes, 20 de mayo de 2013
domingo, 12 de mayo de 2013
365
Te cuento para que te des una idea (más o menos) de cómo me tenés: completamente embobado, entregado, a tu merced, sin poder dejar de mirarte, sin que me importe tener que viajar dos horas para encontrarnos. Siempre sabiendo en qué lugar de la casa estás, controlando que no te lastimes, viendo qué estás haciendo.
Olvidándome del cansancio, de las cosas que no me salen, de los llamados que no llegan, de las salidas que no se concretan, de los problemas que pateo para más adelante. Soñando en el día en que me veas llegar, entiendas todo, y me digas bien fuerte: “¡¡¡Hola tío!!!”.
No sé si algún día voy a tener uno como vos, tampoco sé si me volveré a enamorar. Todo eso, desde el momento en que te vi (hace exactamente un año), me dejó de importar.
Olvidándome del cansancio, de las cosas que no me salen, de los llamados que no llegan, de las salidas que no se concretan, de los problemas que pateo para más adelante. Soñando en el día en que me veas llegar, entiendas todo, y me digas bien fuerte: “¡¡¡Hola tío!!!”.
No sé si algún día voy a tener uno como vos, tampoco sé si me volveré a enamorar. Todo eso, desde el momento en que te vi (hace exactamente un año), me dejó de importar.
sábado, 4 de mayo de 2013
Reflexiones encadenadas
Llueve en la ciudad y desde el bar veo la gente pasar y pienso. Pienso en que nunca sospechás cuando llega ese instante donde todo puede cambiar. Cambiar todo lo que pensás. Pensás que nunca te puede pasar. Pasar sin verte en el sillón, triste, mientras escuchás a tus amigos sin ganas de escuchar. Escuchar que yo estaba fumando en el balcón, contento, charlando con ganas de charlar. Charlar con la que me contó que tenías novio y que te estabas por casar. ¡Qué te estabas por casar! razón suficiente para no intentar ni de casualidad. Casualidad que nos volvió a cruzar dos meses después. Después de tanto llorar. Llorar por todo aquello que para vos no fue. Fue esa noche, en el teórico, donde empezamos a conversar. Conversar sin importarnos el lugar. Lugar donde estudiaba tanta gente. Gente que corre espantada por el agua mientras pienso. Pienso que ahora llueve más fuerte en la ciudad.
miércoles, 24 de abril de 2013
Silogismos problemáticos
Tengo dos problemas. Paso a exponerlos:
Si me gustás (A), hablo mucho (B).
Si hablo mucho (B), no te gusto (C).
Luego, si me gustás (A), no te gusto (C).
Si no me gustás (A), hablo poco (B).
Si hablo poco (B), te gusto (C).
Luego, si no me gustás (A), te gusto (C).
Pensé, consulté, busqué, investigué, pregunté y escribí mails. Desde el viento del Sur me llegó una posible respuesta:
Si te gusta (A), habla poco (B).
Si hablás poco (B), le gustas (C).
Luego, si te gusta (A), le gustas (C).
Pero esto es claramente una falacia. Yo nunca podría hablar poco si realmente me gustás. Algo, después de tanto tiempo, me conozco.
(Nota: Los enunciados Si hablo poco (B), te gusto (C) y si no me gustás (A), te gusto (C), como así también todos sus derivados, son completamente falsos. No hay pruebas que permitan afirmar lo contrario).
viernes, 19 de abril de 2013
Sólo un segundo
En un segundo, el primer segundo, están todos los miles de caminos posibles.
La infinita cantidad de variables imaginables.
La elección de una de todas las combinaciones disponibles.
Se suponía que tenía que ser fácil. Ya habíamos charlado un par de veces por canales de comunicación indirecta (twitter, facebook, celular). Tenía registros fotográficos que daban cuenta de tu fisonomía, certeza de compatibilidad ideológica y cercanía de gustos musicales.
Te vi aparecer entre la gente. Chiquita, tímida, linda, coleccionable. Te saludé. Me saludaste.
Fue ahí, justo en ese momento, cuando me di cuenta que todo mi futuro estaba listo para ser escrito, para corregir el destino, para levantar las estadísticas, para simular las imperfecciones, para potenciar las virtudes. Un atisbo de genialidad. El comentario certero. La frase justa. Una presentación sin fisuras.
Pero la verdad, siendo sincero, son demasiadas cosas para hacer en un segundo. Entonces hice lo que hago siempre: me desboqué como un caballo, y como un perro de departamento que gana la calle te tapé de palabras, puntos de vista y conclusiones.
martes, 9 de abril de 2013
Muchachos observadores
Se comenta en la barriada que hace tiempo estás sola. Los muchachos del arrabal te ven pasar todas las tardes con tu perro camino a la plaza. Dicen que sos simpática, atenta y agradable. Es lo que deducen cuando te ven bajar a comprar cigarrillos, caramelos sugus y charlar animadamente con el kiosquero. Es por eso que no entienden. Piensan, opinan, debaten, pelean, buscan argumentos para intentar comprender tan tremenda incoherencia sentimental.
Se comenta también que saliste con muchos giles, hombres de pocos valores, dudosas convicciones. Mentirosos profesionales. Olvidadizos de segundas salidas. Aprendices de galanes. Engañadores sin disimulo. Estafadores de tiempo completo. Ilusionistas de promesas fáciles. Chamuyeros de cuarta categoría.
Seguramente todo ese legado pese en mí en el momento de invitarte a tomar algo. Tal vez puedo ser uno más de tu lista de chicos olvidables. Pero quién sabe, quien te dice que por ahí no.
Se comenta también que saliste con muchos giles, hombres de pocos valores, dudosas convicciones. Mentirosos profesionales. Olvidadizos de segundas salidas. Aprendices de galanes. Engañadores sin disimulo. Estafadores de tiempo completo. Ilusionistas de promesas fáciles. Chamuyeros de cuarta categoría.
Seguramente todo ese legado pese en mí en el momento de invitarte a tomar algo. Tal vez puedo ser uno más de tu lista de chicos olvidables. Pero quién sabe, quien te dice que por ahí no.
jueves, 4 de abril de 2013
Silencios convencionales
“Te amo” fue lo que pensé a los 35 minutos de nuestra primera salida. Pero no te dije nada, decidí respetar las convenciones. Nos despedimos en la puerta de tu casa y quedamos en volver a vernos a la semana siguiente.
Durante casi un mes empezamos a ir juntos a casi todos lados. Los mensajes de textos perdieron la alegría y sorpresa inicial para comenzar a formar parte de mis actividades diarias. Sabía que al terminar de entrenar un mensaje tuyo me esperaba en el bolso. Que tendría un mail alrededor de las 9:30hs. golpeando las puertas de mi bandeja de entrada. Que algún comentario tuyo se colaría cuando me juntaba a comer con mis amigos. Que los miércoles te preguntaría qué planes había para el finde.
“Te amo” fue lo que te dije dos meses después, cuando volvíamos del teatro. Pero te mentí. Era algo que siempre supe desde el principio.
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